Me imagino que a todos nos ha pasado alguna vez. Estás con el runrún en la cabeza sobre un tema que te preocupa y de repente alguien te hice: “Anda, pues hay un libro que podría ayudarte”. A veces tardamos unos pocos minutos en comprarlo, otras un par de años y de algunos nos olvidamos completamente. Y luego está la cuarta posibilidad, que es que ese alguien te preste el libro y puedas empezar a ojearlo en ese mismo instante, que es cuando te estás muriendo por empezar a leerlo y encontrar en él una diminuta solución esperanzadora.

Y ocurrió. Una amiga especial me entregó este libro llamado “Tengo duendes en las piernas” y encontré alivio en la primerísima página. Sentí que alguien en alguna parte comprendía mis inquietudes y que no era ninguna estupidez lo que yo pensaba. Me ayudó a comprender el porqué de algunos comportamientos de mi hijo y también, que a veces, intentamos curar la mano cuando lo que nos duele es el dedo gordo del pie.

¡Algo me quedó claro! Cuando vemos inquietos a nuestros hijos y sentimos que “algo” se nos escapa, debemos seguir nuestro instinto ¡sin importar las veces que nos cierren la puerta en las narices!

¡Gracias por dejarme este libro amiga mía!