Tormenta interna de un adolescente

A pesar de que quiero contarte lo que me ocurre mamá, una fuerza interna no me deja hablar. Siento una soledad aterradora, no consigo confesarte que ¡No! Nada va bien y todo va mal. ¿Por qué me siento tan bloqueado? ¿Por qué me empeño en callar esta pesadilla angustiosa? Y aquí me quedo,  mamá…..Con miedo de que si te lo cuento, las palabras se rebelen contra mí y desaparezca mí único refugio dónde me escondo cada día manteniéndome con vida.¡Quiero deshacerme de estas guerras emocionales que me están llenando de dolor! Cierro constantemente los puños sudorosos, respirando hondo y suplicándome a mí mismo de encontrar la forma de hablar contigo! Pero retengo las lágrimas e intento ignorar el tremendo nudo en mi garganta aunque desearía poder gritar con todas mis fuerzas.En alguna parte se esconde mi maldita valentía. Me desoriento hacia un pánico incontrolable.

Pero tu mamá… me miras…me atraviesas… como si estuvieras velada tras un árbol sabio, preparado para inclinar sus ramas y permitir nuestro encuentro. Y yo, clavado frente a ti, incapaz de nada. Me coges de las manos y me pides que cierre los ojos…. Me abrazas fuerte y me susurras… “estoy aquí, no estás sólo”. Empiezo a llorar y te suplico: ¡Ayúdame, mamá!

Tenemos que escucharles aunque no nos hablen… hay mil formas de pedir ayuda y no siempre se usan las palabras…